Ucronías, autopsias, vendette / Jorge Ballester / La Nau

Hijo del escultor Tonico Ballester y sobrino de Josep Renau el hombre que encargó el Guernica, Jordi Ballester vivió en primera persona lo que los manuales de arte llaman Movimientos artísticos desde 1945 y que para él fue el exilio en México, la diáspora familiar, y la lucha personal entre el arte y el diseño.

Jorge Ballester lleva a cuestas una biografía apasionante. Entre la familia Renau en México se codea Gabriel García Márquez, en Roma con Sergio Pitol, en Valencia disputa con el Equipo Crónica y en París trata con Eduardo Arroyo. Ahora Jorge Ballester expone tras más de treinta años sin hacerlo. Recomendamos leer el catálogo de la exposición, muy especialmente la entrevista que le hace Pablo Ramírez, el texto de Javier Lacruz Navas y la autobiografía de su propia mano.

La exposición está configurada en cuatro secciones, pero sugerimos al visitante contemplar la muestra como tres partes, los últimos cuadros del Equipo Realidad, las variaciones de temas cubistas y las negociaciones de Jorge Ballester consigo mismo desde los años ochenta.

La primera parte según el esquema de los comisarios, Postrimerías de la realidad. Los años de plomo, muestra cuadros posteriores a 1976, de la fase final del Equipo Realidad, cuando Joan Cardells ha abandonado el grupo y en él ha entrado Enrique Carrazoni. Integrados en la corriente Crónicas de la Realidad, son cuadros duros, oscuros, con predominio del color negro, acompañados de titulares recortados de periódicos, que son testigos del clima convulso que envuelve España en los 70 y que comprende desde el atentado a Carrero Blanco hasta la restauración de la democracia. Esta línea de trabajo, tan ceñida a un asunto, se agota con el fin de la dictadura, pero reaparece con una perspectiva más amplia en cuadros recientes.

Ucronías cubistas está formada por un conjunto de piezas en torno a las posibilidades de los temas cubistas y de otras vanguardias desde un punto de vista que ya no pertenece a la modernidad. Tienen sentido en la investigación pictórica que Ballester combina con otros ámbitos profesionales en los que se desenvuelve ligados a la arquitectura, al interiorismo y al diseño. No son cuadros cubistas, ni pretenden serlo. Hay una obra en este conjunto, “Caballero con cabeza cubista”, 1995, en el que se aprecia claramente el distanciamiento de los postulados de principios del siglo XX.

En Carnés de identidad, sección en la que podría estar “Caballero con cabeza cubista”, Ballester conecta con el arte contemporáneo. Piezas como “Autorretrato transfigurado en Balilla Pratella”, “Picabia en la bañera de Marat”, “Visita al Vaticano”,  “Sacco y Vanzetti o la noche americana” o “Astor Place 1948” -obra que junto con sus bocetos es clave para entender la exposición- , tienen un pie puesto en el Equipo Realidad y otro en el Jorge Ballester pintor del siglo XXI. En lugar de enlazar los Carnés con las Ucronías Cubistas, podemos obviar éstas  y pensar en autores contemporáneos como Ángel Mateo Charris, para desde una perspectiva actual deleitarnos con una docena de cuadros estupendos.

Así, “Retrato de Marcel Duchamp por R.Mutt en 1917”, es una fascinante pieza que encontramos en el apartado Carnés de identidad. Es fruto de la relación afecto-desafecto de Ballester con el francés. Quizás su intención fuese denigrar a Duchamp asimilando su retrato al urinario, pretendiendo reducir su obra a una única y escatológica imagen. El rostro queda agujereado por disparos dispuestos en forma de desagüe, el trazo es trémulo como el mejor Juan Antonio Toledo -otro pilar fundamental del arte en Valencia- no hay rastro del grafismo curvo -tan insistente en otros cuadros- y si hay ambigüedad, ironía, apropiación y parodia. Es una perfecta obra posmoderna, un genial homenaje a Marcel Duchamp, que al mismo tiempo critica, mediante una sutil aureola, una veneración irracional. Si como afirma Jean-François Lyotard la modernidad es el estado latente de la posmodernidad, Duchamp es el embrión. Ese cuadro contiene la imagen indestructible que sigue siendo la “Fontaine”, que al fundirla con la cabeza del francés, no lo ataca sino que lo alaba, pues sugiere que sigue siendo una fuente de ideas, de conceptos, aunque Ballester o los comisarios puedan opinar lo contrario. Ni Arroyo acabó con Duchamp arrojándolo por una escalera ni lo ha conseguido Ballester urinizando su retrato. Por el contrario Duchamp cuenta con otro homenaje más en su haber, como la obra “La alegre divorciada”, de Charris, que también estuvo expuesta en La Nau.

Otro tanto ocurre con el apartado Queridos monstruos, donde hay algunas piezas que acompañarían adecuadamente al “Retrato de Duchamp”, pero se ha preferido una distribución temática. Hay aquí extraordinarios dibujos, vemos la frescura de los ochenta, contemporánea de Barceló y Mariscal, e incluso intuimos los procesos  que se escamotean en otras salas. Desde Balilla Pratella (1980), de la mano de los luchadores mexicanos (1985-2010) a través de Astor Place (1990-2008) pasando por Duchamp (2010).

Y ese es el recorrido que les proponemos, descubrir el sorprendente viaje llevado a cabo de modo solitario y valiente por Jorge Ballester en los últimos treinta años, a quién esperamos ver más a menudo.


Ucronías, autopsias,
vendette
Jorge Ballester
La Nau
Valencia
Del 20 de septiembre al 4 de diciembre de 2011

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ValenciaArte. Ucronías, autopsias, vendette. Jorge Ballester en La Nau