Palimsest / Isidre Manils / Galeria Cànem

En un mundo saturado de pantallas transmisoras de relatos, Manils introduce en la pintura la forma de mirar el cine.

Si decimos que algo es pintoresco porque imaginamos la escena en forma de cuadro, para Isidre Manils probablemente sea más interesante llevar al lienzo aquello que entrevé en formato pantalla. Para él lo pintoresco puede proceder de una proyección. Por ello plantea un diálogo entre la imagen pintada y la que vemos en una pantalla, trasladando los colores luz a los colores pigmento, y traduciendo la imagen en movimiento, en imagen detenida.

El artista investiga en la pintura la forma de mirar el cine en un mundo saturado de pantallas transmisoras de relatos: televisión, ordenador o teléfono. Dispone en el lienzo el juego de luces de la imagen en movimiento. Y plasma en sus cuadros tanto los temas como los problemas cinéticos.
Por un lado muestra los iconos de la gran pantalla: rostros, labios, lujo, llamaradas y juegos de luz. Por otro, ofrece imágenes desenfocadas, descompuestas, fragmentadas, pixeladas o con interferencias. Es decir, trata tanto problemas de contenido como de lenguaje, referidos al cine y desarrollados en el ámbito pictórico. Intentando reducir dicha investigación a la narración cinematográfica, dotando a sus obras de una textura plana y eliminando cualquier interés en la pincelada para desviar la atención desde el medio pictórico hacia la pantalla como soporte.

Manils profundiza en lo que quiere contar a la manera de David Lynch, director de cine experto en mezclar sueño y realidad. Con recursos similares a los que Lynch utiliza en el cine, el pintor dota a sus cuadros de cierto aire onírico, surrealista. Mediante la utilización de escenas tipo, nos incita a pensar que reconocemos la imagen que vagamente está en nuestra memoria, y a mezclarla con nuestros recuerdos verdaderos.
El pintor acentúa la desinformación de determinada manera de hacer y montar cine que muestra datos sesgados. Parece escoger uno de estos planos que mantienen zonas oscuras o fuera de campo, que están premeditadamente descuadrados, para resituarlos en el lienzo. Así, carente del contexto y sustento de los frames en que pudiera estar intercalada la imagen original, colocada en el cuadro deja en nuestras manos la producción de significado, guiados por los estereotipos y los géneros aprendidos.

Manils nos introduce en el laberinto de nuestro propio pensamiento, abriendo la puerta a nuestros deseos, desatando el control que ejercemos sobre nuestros sueños. También como Lynch, bordea el terror sugiriendo lo desconocido, lo inesperado que puede ser lo real. Y de nuevo como Lynch, de la mano del deseo va el erotismo. Hay en la pintura de Isidre Manils una latente carga sexual que imperceptiblemente impregna el sentido de sus obras. El sentido que individual y libremente damos a sus obras.
El artista consigue dotar a los objetos pintados de apariencia de fetiches. Así, un bolso es una vía abierta por reconocer, pero si además tiene forma de corazón, no sólo sugiere múltiples relatos sino que implica un latido que conecta con el acompasado paso del tiempo de la cinta filmada. Un collar traspasado de humo nos recuerda cientos de fotogramas de carismáticos mitos del cine envueltos en volutas pero también una ausencia, una desaparición súbita, un enigma. Y nuevamente la espiral de humo trae el tiempo a colación. La espiral, además de tiempo, y laberinto, es bobina de cine. Un fondo acolchado bien pudiera ser una superficie vertical pero también podría serlo horizontal y la voluta de humo ya no ascendería sino que se expandiría. Con muy pocos elementos, Manils introduce el germen del relato en nuestra mente. Un relato que creamos nosotros y que quizás nos produzca cierto desasosiego reconocerlo como propio.

La inquietante belleza de la pintura de Isidre Manils está en la capacidad de hacernos proyectar en sus lienzos todos nuestros deseos acompañados de nuestra amplia memoria visual.

Palimsest
Isidre Manils
Galería Cànem
Castellón
Del 16 de diciembre de 2011 al 31 de enero de 2012

Publicado en:
ValenciaArte. Palimsest. Isidre Manils en Galeria Cànem