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Estética del desaliento / Carmen Calvo / Galería Benlliure

Carmen Calvo singulariza los objetos, pero no para que experimentemos lo que son, sino para introducirnos en el desconcierto.

No es la imitación aristotélica, ni la mera mímesis de la fotografía o del dibujo el objetivo de la artista. Tampoco es el formalismo de principios del siglo XX. Reconocemos cada uno de los elementos que configuran sus obras, entendemos los textos que hay escritos, pero el significado de cada composición está en la sombra. Carmen Calvo une imágenes y objetos a contrapelo, generando una dicción inesperada. La narración está a simple vista, pero se hace necesario un ejercicio de asociación -y también un libre fluir del pensamiento- para encontrar alguno de los posibles significados que se pueden obtener encadenando las diversas unidades.
Como la hoja de partitura que encontramos en uno de los collages, sus obras se interpretan, dicho en el más amplio sentido. Tal y como cada instrumentista puede ejecutar la música de un modo distinto otorgándole un sentido específico, así cada individuo lee cada obra en el contexto de su propio bagaje personal. Distingue los signos y se los traduce a sí mismo adaptándolos a su particular manera de entenderlos. La diferencia es el grado de dificultad con respecto a la comprensión de una partitura. Al igual que Roland Barthes en su ensayo S/Z analiza lexia por lexia la novela Sarrasine de Honoré de Balzac, nosotros debemos ir objeto por objeto, dibujo por dibujo, o recorte por recorte, desgranando significados. En el caso de Carmen Calvo, la combinación de la polisemia nos lleva a un laberinto de posibilidades. Y esa es la clave del trabajo de la artista, no hay una única lectura y no hay un final. No hay ningún final. Las obras generan un bucle de significados sin salida. Y todo ocurre en la superficie. Todas las múltiples lecturas se dan en un único plano.

La alusión al grabado de Goya que intuimos en uno de sus dibujos es tan ambigua como el propio grabado “El sueño de la razón produce monstruos”. Calvo quiere una descodificación amplia, que se nutra tanto de la razón como del sueño. Comparte con Goya la crítica al iluminismo por su confianza absoluta en la razón. Y en relación con el mismo periodo, vemos en otra obra como la artista oculta el rostro del dandi para mostrar que su aspecto acartonado es tan opaco como un grumo de pintura.

La imagen, resto de una vida ya olvidada, puesta de nuevo en primer plano recobra protagonismo. Desconocemos la verdadera historia de los personajes fotografiados. Una vez intervenidos los retratos, tampoco nos sirve la tranquilizadora ficción con final feliz que con facilidad inventamos. Al contrario, la artista nos obliga a desviarnos del camino habitual. Carmen Calvo rompe el curso de nuestras estructuras para poder generar una lectura a la manera de Barthes. La máscara nos recuerda que la cara al desnudo tampoco cuenta ninguna verdad. El rostro angelical debería serenarnos tan poco como el recorte, trapo o pincelada que cubre su faz. Las personas nunca son los personajes que la comunicación subjetiva nos hace llegar. La ocultación de la cara los resitúa en el escenario. Y nos devuelve al lugar de los espectadores. La fotografía de un desconocido es, con o sin veladuras, una ficción. Y cada uno de nosotros inventamos una distinta.

Infantes, navajas y manchas rojas, configuran un punto de partida preñado de violencia, pero la lectura nunca es el traspaso exacto del mensaje enviado. Nunca se desarrolla tal y como el artista pudiera haber previsto. El matiz surrealista con su componente irracional nos dice que Carmen Calvo es consciente del complejo proceso comunicativo que desencadena esta exposición. Una complejidad que intensifica la experiencia artística. La respuesta será inesperada, pero no impermeable a un contenido poco amable, arduo, doloroso. La Estética del desaliento es tan bella como inquietante.



Estética del desaliento
Carmen Calvo
Galería Benlliure
Valencia
Del 15 de mayo al 15 de junio de 2012

Publicado en:
ValenciaArte. Estética del desaliento. Carmen Calvo en Galería Benlliure