Casa Taller March

El pasado miércoles estuve, junto con Ana Pastor, Sara Janini y Luis Montolio, -a cual más audaz y venturoso- en la Casa Taller March, de la mano de Pepe March.

Un espacio cuya clasificación necesita una taxonomía como la que Michel Foucault toma de Jorge Luis Borges al principio de Las palabras y las cosas. Orfebrería, talla de imágenes, cerámica o esmaltado, son algunas de las actividades de las que da cuenta este lugar. La increíble fotógrafo Sara Janini nos sacó a Pepe y a mí, allí, en uno de tantos inverosímiles rincones. 

Pepe nos explicó la imposibilidad de trabajar a pecho descubierto tal como Velazquez pintó en La fragua de Vulcano. El metal candente, vivo como una serpiente al acecho, chispeante en venganza a los golpes, hace necesario el uso de una generosa protección de cuero. Pepe, cual Apolo en la imagen, como en la pintura de Velázquez, también parece contar cierto adulterio. Quizás sea el del Ayuntamiento con el propietario de un solar vecino. Solo quizás, pues ese amancebamiento está por demostrar. 

Cercano a ambos espacios permanece un torreón árabe, y a buen seguro restos de distintas culturas yacen bajo toda la zona. Está sentenciada la expropiación del taller con la excusa de que por allí pasó la muralla árabe, si bien nada lo delata. Pero el solar será construido y obtendrá su lindo parque adyacente derribando la casa taller. Apuesto que si construyen en el solar aparecerán restos de muralla, de cementerio y edificaciones diversas. Restos que o bien serán destruidos al excavar los cimientos, salvo algunos discretamente extraídos o malvendidos como derribo, o bien, lo más probable, serán utilizados como medio para obtener jugosos fondos municipales con los que simular -tan solo simular- en los bajos de la nueva vivienda, la conservación de lo encontrado. El derribo del taller solamente beneficia al dueño del solar a construir. ¿Quizás a alguien más? ¿Do ut des? Lo escribo porque no quiero que ocurra.

¿Sabían que Sebastiao Salgado llamó un día a la puerta de Pepe para fotografiar este espacio? – Hola, ¿me conoces? – Claro. – ¿Puedo pasar? – Adelante.

Sí, adelante, vayan a verlo, está siempre abierto. Antes de que lo derriben, o mejor, para impedir la demolición del último taller de su tipo en Valencia.