Bite Your Tongue / Leon Golub / Serpentine Gallery

La exposición de Leon Golub en la Serpentine Gallery es densa, profunda y amarga a la vez que vibra con una energía fascinante. Es una propuesta inquisitiva que requiere nuestra participación.Una pieza pintada sobre fragmentos de madera veteada, da algunas claves para entender la muestra. Se trata de una esfinge, una figura mitológica con cabeza humana y cuerpo de león. Las vetas de la madera dan un aspecto atigrado al animal haciéndolo más fiero, más cruel. La esfinge es un ser traicionero y despiadado que mata a aquellos que no conocen la respuesta a sus preguntas. ¿Cuál es el enigma en esta muestra? Quizás la respuesta a la esfinge pintada sea que la realidad puede engullirte sin motivo alguno, sin siquiera preguntarte. Una realidad regida por ruinas mitológicas, sería, es, la peor de las maldiciones.
En la misma sala, Prometeo encadenado ve su hígado devorado un día más, mientras junto a él un personaje se tapa los oídos evitando escuchar los lamentos. Prometeo es condenado por ayudar a los hombres, por desafiar a los dioses siempre ávidos de sacrificios y ventajas. El pintor es aquí el Prometeo que desafía a los dioses, a las religiones, a las utopías intransigentes, a los que siembran el terror, a los genocidas, a los mercenarios, a los verdugos, y tú, hipócrita lector, mon semblable, mon frère, eres quizás el que se tapa los oídos o bien cierra los ojos eludiendo ser señalado como espectador culpable de tan atroz espectáculo. ¿No es acaso un cadalso la roca a la que está sujeto el héroe? ¿No es el hastío lo que sobrevuela en círculos? Es Baudelaire, siempre Baudelaire.
La pintura de Golub es compleja tanto conceptual como formalmente. El encadenado está pintado en una postura semejante al de Rubens aunque recuerda por su gesto al esclavo moribundo de Miguel Ángel Buonarroti. Pero por su temática recuerda al esclavo rebelde también de Miguel Ángel, el esclavo que no entiende porqué ha de morir. El Prometeo de Golub es también el esclavo rebelde de Albert Camus en Calígula.
Viendo luchar hombres contra hombres en otras de las pinturas expuestas, debemos entender que el águila no es sino el animal que llevamos dentro. Friedrich Nietzsche en El ocaso de los ídolos, escribe “Para vivir hay que ser un animal o un dios -dice Aristóteles-. Falta el tercer caso: hay que ser lo uno y lo otro; esto es, un “filósofo”. Leon Golub es el filósofo. Su pintura es explícitamente crítica, política, social. Muestra los horrores de la guerra, la mirada cruel en unos, o la mirada perdida en otros. Es la mirada vencida ya sea por el odio o por el dolor. Hay regueros de sangre, cicatrices, cuerpos descoyuntados, tortura, deleite en el abuso. Hay una magnífica denuncia hacia lo terrible que es lo insolidario. Lejos está el artista del nihilismo.
La exposición abarca desde los años 50 hasta 2004, año en que fallece el artista.  Está formada por piezas de gran formato y algunos pequeños dibujos. Las telas soporte son de lino sin tratar y sin bastidor, con remaches en la parte superior que sirven para colgarlas. En las pinturas hay muchos espacios vacíos, evidenciando el soporte.Tanto el color térreo del lino, su cariz de fibra, de algo real, que recuerda una manufactura antes que una producción fabril, tanto como la ausencia de bastidor, acercan la pintura al espectador, evitan la sacralización de la obra. Anulan el alejamiento y en consecuencia que el espectador pueda esquivar implicarse con facilidad. El espacio que quiere generar el artista es más bien un campo de batalla, aquí en la tierra, no en un lugar elevado. Y está pegado al suelo, al mismo que pisamos. Ese campo de batalla se no se limita al lienzo, se expande, parece que se derrama, y se extiende bajo nuestros pies, anegando nuestro pequeño coto de  realidad libre de incidencias. Lo queramos o no, no vamos a salir impolutos de la visita a la exposición. Esas incidencias en las vidas de otros, son también las nuestras.
El gran formato horizontal es el más habitual, pero a menudo ha sido recortado dando lugar a piezas irregulares. La brutalidad de lo contenido está implícita en el tratamiento del continente. La batalla es siempre una pérdida, una ruptura, una incisión y eso se refleja en la carencia de parte de la tela. Esos trozos eliminados son irrecuperables.
Dos hombres negros,  gozando de su ansiada condición de iguales a los blancos en la nación americana, hacen un descanso en la guerra de Vietnam, cual si fuera un lugar de vacaciones. ¿Es qué no hemos aprendido nada? parece gritar tan sosegada imagen. Los derechos humanos parecen tener diferentes criterios de aplicación. ¿Negro es igual a blanco y mejor que amarillo? Todos deberíamos ser iguales.
Hay también enormes dosis de tradición, desde la composición que recuerdan las disposiciones de Mantegna, o los angulosos puntos de vista de Miguel Ángel Buonarroti. Así como la mirada deformada por la cámara al modo de David Hockney. Y a través de muchas de las obras, rezuman los desastres de la guerra según Francisco de Goya. El duelo ahora no es a garrotazos sino con metralleta, tanques o napalm. Un yaciente coloso decapitado insiste en recordarnos a Goya, pero pone en duda la grandeza por sí misma. La fuerza desprovista de la razón no es más que ruina.
En otra pintura, un hombre abatido por un león se pregunta, “Why me?”. Aquí el animal se muestra como una bestia que sacia sus apetitos sin moral alguna en cuestión. Pero el animal carece de razón y solo mata para alimentarse. Conviene recordar lo que Camus escribe en Calígula “Habéis terminado por comprender que no es necesario haber hecho algo para morir.” El hombre es el más ruin de los animales puesto que sus apetitos son tan abyectos como innecesarios. No acaban saciando su hambre, ni siquiera acumulando poder, terminan con la muerte del otro. Acaban aniquilándose a uno mismo de un modo absurdo.
En la obra de Golub, ya sea Zeus o Dios, cualquiera que sea ese Dios, son mitologías a superar. También las mitologías en torno a dictadores y profetas. En la tierra, en el presente y en común, es dónde hay que buscar soluciones. Golub pinta en torno a la  naturaleza humana. Parece ser pesimista, señala la bajeza y villanía, pero la denuncia no es una renuncia. Leon Golub es el rebelde de Camus. Su único yugo es el gozo y el dolor de la existencia. Uncida bajo esa doble condición se muestra, majestuosa y terrible, la pintura de Leon Golub. El artista es un creador, no un destructor. Un rebelde, no un revolucionario. Un hombre, no un mercenario.
Leon Golub: Bite Your Tongue.
Serpentine Gallery
London
4 March 2015 – 17 May 2015