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Bank / Jordi Abelló / Galería Cànem

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Si España tuviese petróleo en abundancia, ya habría sido invadida. Dispone de todo lo necesario: monarquía decadente, políticos corruptos, justicia que no merece su nombre, brutalidad policial, información manipulada y pobreza galopante. Amén de la pésima gestión de un federalismo que se rige tanto a favor como en contra por criterios caducos, empeorados por la codicia y la mala fe, convirtiendo un bien común -el federalismo- en un negocio privado a mayor o menor escala.

Esta pútrida patria -expresión tomada en préstamo de W.G. Sebald- está convirtiéndose en una tierra yerma que no sirve más que para alimentar aves carroñeras. A la mayoría no le queda otra que dejarse morir lentamente o marcharse. La minoría, los buitres consagrados a Marte, dios de la guerra y los mercaderes, seguirá engordando con los restos. Una minoría cada vez más semejante a una aristocracia para la que no hubiese otro remedio que la guillotina.

En esta tesitura, la españamoribundia, es en la que el artista Jordi Abelló encuadra su obra. Trata de hacer un retrato psicológico del buitre, mostrándolo ajeno a todo, carente de moral, sin culpa, esperando el momento en que su presa de derrumba para alimentarse sin atisbo de ningún sentimiento. Y asemeja banquero y buitre para transferir los atributos del ave al otro rapaz. Así el banquero retratado aparece más ausente que displicente, más incólume que sospechoso, por encima de toda ley y por tanto de toda falta. Recordemos que rapaz nombra tanto al ave de presa como al dado a la rapiña.

La desregulación del mercado financiero y el incumplimiento de las pocas normas existentes favorecieron la crisis del 2008. En España agravada por la nefasta gestión política de las cajas de ahorro y la permisividad interesada con los banqueros. Las cajas has sido sangradas por los consejos de administración para enriquecimiento personal y beneficio de los partidos y sus respectivas tramas. En los bancos hemos visto préstamos perdonados a partidos políticos, hipotecas que nadie sabe quién las paga, amnistías fiscales a la carta y bula para determinadas familias de postín.

No podemos olvidar que si tener una cuenta bancaria es tan necesario como tener un documento de identidad, el acceso a instrumentos financieros debe estar regulado como si se tratara de un servicio público. Por lo que el enriquecimiento desmedido de los banqueros es injusto y sus servicios deberían tener o bien una regulación o bien una competencia desde el sector público que ofrezca los mismos servicios básicos a precios razonables.

Son estos banqueros y consejeros que se han beneficiado de la corrupción política, de la falta de justicia y de la ausencia de regulación los que retrata el artista. Y encuentra similitud con la pose del buitre tras alimentarse a quien solo le quedar esperar la caída de la próxima víctima para abalanzarse sobre ella.

Componen la serie Bank, una serie de retratos fotográficos en los que Abelló estudia y compara aves y humanos, varios cuadernos de dibujo con diversos estudios de buitres, y papeles de tamaño medio con las caras de los insignes financieros. La exposición además de en la Galería Cànem puede seguirse on-line mediante una aplicación para dispositivos móviles. Los rostros de los usureros, los que obtienen un lucro desmedido, parecen estar compuestos de vísceras. Tienen un aspecto macilento, como si tras la piel viéramos las vísceras de las que se alimentan. El proceso creativo termina colocando los grandes papeles en el comedero de los buitres. El banquero preside el festín de sus semejantes, salpicado de entrañas sanguinolentas y deposiciones súbitas. Intuimos el hedor fétido de la carne pútrida en descomposición y de los excrementos de una rápida digestión. Estos fluidos y olores impregnan los papeles, lo que sirve para ampliar las correspondencias entre rapaces, añadiendo a lo visual, lo olfativo e incluso lo táctil. El rapaz urbano pretende vivir salvaje, como si sus presas no fueran más que elementos de la cadena alimenticia, dentro de un proceso natural, que no admite juicio alguno. Pero de ser así -quizás sea así- si la vida en la urbe no tiene más ley que la que pueda haber en el áspero monte que habitan los buitres, deberíamos afilar sin demora la hoja de la cuchilla para desprendernos limpiamente de la gangrena social que supone la connivencia entre políticos, jueces, medios de información y banqueros que ha arrasado el país convirtiéndolo en una tierra baldía en la que solo pueden habitar las aves carroñeras.
Bendito el artista que se atreve a denunciarlo porque está condenado a ser alimento de los retratados.
Si creen que hay otra vía -alternativa al cadalso- para renovar al completo las castas que nos dominan y nos expolian, pónganla en práctica. Necesitamos nuevos proyectos.

 

Bank
Jordi Abelló
Galería Cànem
Del 20 de septiembre al 29 de octubre de 2012