Performing Sculpture / Alexander Calder / Tate Modern

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(See the Spanish version below).

If the sculpture in the late nineteenth century had as premises, base, material, weight, shape, immobility and silence, Alexander Calder was proposed to radically change everything. And he made it. His work is characterized by the absence of base, immateriality, lightness, abstraction, movement and even sound.

When at the beginning of his career seems to enjoy as a child with small figures in a circus toy, better if we take a step back and appreciate the trapeze artists, tightrope walkers and acrobats are part of the same narrative that pursuit the lightness that we recognize later. Calder is seeking the path that allows him to remove from the sculpture everything that is understood as intrinsic. Drawing the narrative of lightness, lifting wire, start the storytelling of the disappearance of sculpture, is part of the stormbraining necessary to carry out their work. This is not a game, this is a complex development, as well as to define the Theory of Relativity. The artist is “playing” with the same parameters as Einstein, space and time, and therefore movement.

The formidable Calder exhibition at the Tate Modern is the result a great curatorial work as successful as invisible. Displays wisely managing the artist’s works, the evolution of his career. The domain of reasoning, the constant pursuit, the decline to continue trying new things, to reach their mobile consolidation in the way they are commonly known. It’s time to point Calder as a great thinker, as a scientific of art, as one of the great minds of the twentieth century. His work is not only beautiful, it is extremely intelligent.

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Si la escultura a fin del siglo XIX tenía como premisas, peana, materia, peso, figura, inmovilidad y silencio, Alexander Calder se propuso cambiarlo todo radicalmente y lo logró. Su obra se caracteriza por la ausencia de peana, inmaterialidad, levedad, abstracción, movimiento, e incluso, sonido.

Cuando al inicio de su carrera parece disfrutar como un niño con pequeñas figuras en un circo de juguete, sería mejor que diéramos un paso atrás y apreciáramos que los trapecistas, funambulistas y equilibristas, forman parte de la misma narrativa que la búsqueda de la levedad que reconocemos más tarde. Calder está buscando el camino que le permita eliminar de la escultura todo lo que es entendido como intrínseco. Dibujar la narrativa de la levedad, levantarla en alambre, iniciar el storytelling de la desaparición de la escultura, forma parte del stormbraining necesario para llevar a cabo su trabajo. No se trata de un juego, se trata de un desarrollo complejo, tanto como definir la Teoría de Relatividad. El artista está “jugando” con los mismos parámetros que Einstein, espacio y tiempo, y por ende, movimiento.

La formidable exposición de Calder en la Tate Modern es el resultado de un fantástico trabajo curatorial, tan acertado como invisible. Muestra, manejando sabiamente las obras del artista, la evolución de su carrera. El dominio del razonamiento, la búsqueda constante, el retroceso para seguir probando cosas nuevas, hasta llegar a la consolidación de sus móviles en la forma en que son habitualmente conocidos. Es hora de señalar a Calder como un magnífico pensador, como un científico del arte, como una de las mentes privilegiadas del siglo XX. Su obra no es solamente bella, es extremadamente inteligente.

Performing Sculpture
Alexander Calder
Tate Modern
London
11 Nov 2015 – 3 April 2016